MI JEFE ME LLEVÓ A UNA GALA PARA CONSEGUIR INVERSORES… Y TERMINÓ VIÉNDOME SUBIR AL AUTO DEL HOMBRE MÁS PODEROSO DE LA NOCHE

—Cuando la gente sabe quién es mi familia, cambia. Profesores, compañeros, amigos, novios… todos cambian. Algunos se vuelven excesivamente amables. Otros me odian sin conocerme. Otros empiezan a pedir cosas.

Respiré.

—Quería trabajar en algún lugar donde mis errores fueran míos. Donde mi apellido no resolviera nada.

Adrian bajó la mirada hacia mi identificación.

—¿Por qué mi empresa?

—Porque estabas contratando.

—Hay diez mil empresas contratando.

Me encogí de hombros.

—En la entrevista me dijiste que mi currículum era mediocre.

Él pareció mortificado.

—Era mediocre.

—Exacto. Nadie me había hablado así.

—Maya…

—Después me contrataste porque dijiste que aprendía rápido. No porque fueras amigo de mi padre. Ni porque quisieras algo de Ethan.

Adrian guardó silencio.

—Por eso me quedé.

Finalmente me devolvió la identificación.

—No se lo diré a nadie.

—Gracias.

—Pero necesito hacerte una pregunta.

—Adelante.

Se acercó.

—¿Ethan invirtió por ti?

Lo pensé.

—Aceptó la reunión por mí.

Vi decepción en sus ojos.

—Pero invirtió por ti —añadí.

Adrian levantó la cabeza.

—Mi hermano jamás habría firmado veinticinco por ciento por caridad. Si pensara que vas a fracasar, habría rechazado el proyecto aunque yo se lo pidiera de rodillas.

Una sonrisa lenta apareció en sus labios.

—Eso ayuda.

—Bien.

—Hay otra cosa que ayuda.

—¿Qué?

—Saber que no estás saliendo con Ethan Cole.

Lo miré fijamente.

—¿Por qué te importa tanto?

—Creo que sabes por qué.

Mi corazón empezó a latir demasiado rápido.

—Prefiero escucharlo.

Adrian se quedó frente a mí.

Esta vez no hubo teléfono.

Ni hermano.

Ni socios.

—Porque estoy enamorado de ti.

No respiré.

—Desde hace meses.

—¿Meses?

—Desde antes de la gala.

—No parecía.

—Soy tu jefe. No tenía derecho a convertir tu trabajo en algo incómodo.

De repente muchas cosas empezaron a encajar.

Los cafés.

Las cenas después de horas extras.

El hecho de que siempre recordara cuándo tenía una presentación importante.

Su insistencia en llevarme personalmente a casa cuando salíamos tarde.

Yo había atribuido todo a que Adrian era un buen jefe.

Tal vez había sido más que eso.

—¿Y ahora sí tienes derecho?

—No.

Su respuesta fue inmediata.

—Pero ahora que sé que no tienes pareja, al menos puedo decirlo una vez. Si no sientes lo mismo, nunca volveré a mencionarlo.

Aquella seriedad me desarmó.

—¿Y si sí siento lo mismo?

Adrian dejó de respirar.

No necesitó otra invitación.

Me besó.

Solo una vez.

Suave.

Como si temiera que pudiera arrepentirme.

Cuando se apartó, mi teléfono volvió a sonar.

Ethan.

Adrian miró la pantalla.

—Tu hermano tiene un don extraordinario para aparecer en el peor momento.

Respondí.

—¿Qué?

—¿Ya comiste?

Miré a Adrian.

Empezó a reír.

—Sí.

—¿Con quién estás?

—Con Adrian.

Silencio.

—Ponme en altavoz.

—No.

—Maya.

—Buenas noches, Ethan.

Colgué.

Adrian parecía encantado.

—Creo que acaba de odiarme.

—Todavía no sabe que me besaste.

Su sonrisa desapareció.

—Ah.

—Buena suerte con eso.


Nuestra relación no empezó inmediatamente.

Yo insistí en que no podía salir con mi jefe mientras reportara directamente a él.

Adrian estuvo de acuerdo.

Así que, cuando Cole Capital entró al proyecto, me trasladaron oficialmente al equipo de desarrollo como coordinadora independiente.

Mi salario subió.

Ethan dijo que seguía siendo ridículamente bajo.

Papá dijo que estaba orgulloso de mí.

Mamá quiso conocer inmediatamente a Adrian.

Y Adrian…

Adrian intentó fingir que la idea de cenar con mi familia no le aterrorizaba.

Fracasó.

—Tu padre aparece en la lista de las personas más ricas de América.

—También ronca en el sofá viendo béisbol.

—Eso no ayuda.

—Mi madre hace pasta terrible.

—Maya.

—Ethan es el único peligro real.

—Eso sí lo creo.

La cena se programó para el domingo siguiente.

Adrian llegó con flores para mi madre y una botella de vino para mi padre.

Ethan abrió la puerta.

—Foster.

—Cole.

—Llegas cuatro minutos tarde.

—Había tráfico.

—Yo habría salido antes.

—Ethan —grité desde el interior—, déjalo entrar.

Mi hermano se hizo a un lado.

—Solo quiero dejar claro que no me gusta.

Adrian sonrió.

—El sentimiento parece mutuo.

Mal comienzo.

Durante la cena, mi padre preguntó sobre negocios.

Mi madre preguntó sobre la infancia de Adrian.

Yo intentaba impedir que Ethan hiciera un interrogatorio policial.

No funcionó.

—¿Cuántas relaciones serias has tenido?

—Ethan.

—Dos.

—¿Por qué terminaron?

—Ethan.

—Incompatibilidad.

—¿Has sido infiel?

—No.

—¿Tienes antecedentes penales?

—Por Dios.

Adrian dejó el tenedor.

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