PARTE 2: Saqué a mi esposo del agua frente a su amante, sosteniendo su cuerpo empapado contra mí mientras ella, vestida de dorado, nos miraba sin atreverse a acercarse.

Porque confirmó que había algo que ambos estaban intentando ocultar.

Me puse de pie.

—Camila, si Adrian está en peligro, necesito saberlo.

Ella me miró sorprendida.

Como si no esperara que mi primera preocupación siguiera siendo él.

—Después de todo lo que pasó, ¿todavía lo proteges?

Bajé la mirada un instante.

La pregunta era válida.

Pero no era sencilla.

—No sé si lo estoy protegiendo.

Miré hacia la casa.

—Creo que estoy intentando descubrir quién es realmente.

Camila tragó saliva.

Y entonces dio un paso hacia mí.

—Elena, hay algo que necesitas saber sobre esa noche.

Mi corazón se aceleró.

Finalmente.

Una respuesta.

Pero antes de que pudiera continuar, escuchamos la voz de Adrian detrás de nosotras.

—¿Qué están haciendo?

Las dos volteamos.

Él estaba en la puerta de la casa.

No parecía sorprendido de vernos juntas.

Parecía furioso.

Su mirada pasó de Camila a mí.

Después bajó hacia mi mano.

Yo todavía sostenía el reloj que había guardado en mi bolso desde el hospital.

El reloj que él llevaba puesto cuando cayó.

El reloj que no había querido recuperar.

Adrian cambió de expresión.

Solo un instante.

Pero lo vi.

Miedo.

No enojo.

Miedo.

—Dame eso, Elena.

Apreté el reloj dentro de mi mano.

—¿Por qué?

No respondió.

Y esa falta de respuesta fue más fuerte que cualquier explicación.

Me acerqué un paso.

—¿Qué tiene este reloj que te preocupa más que saber si estoy bien?

Adrian miró a Camila.

Ella palideció.

Entonces entendí que no era solo un objeto.

Era algo que los dos reconocían.

Algo que yo todavía no.

Y cuando Adrian dio un paso hacia mí para quitármelo, tomé una decisión.

Cerré mi mano.

—Si quieres recuperarlo, vas a tener que decirme primero qué escondes.

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