La Gran Gala Imperial era el evento más importante del año en Greenwich.
Empresarios.
Políticos.
Familias antiguas.
Todos los nombres que importaban estaban reunidos bajo las enormes lámparas de cristal del salón principal.
Y entre ellos estaba Julian Sterling.
Con un traje hecho a medida.
Una copa de champán en la mano.
Y una sonrisa de absoluta confianza.
A su lado estaba Chloe.
Llevaba un vestido blanco de diseñador que costaba más que el salario anual de muchas personas.
Sonreía como si ya fuera la nueva señora Sterling.
—¿Viste la lista de invitados? —preguntó Chloe mientras ajustaba su collar—. Todos están aquí.
Julian sonrió.
—Por supuesto.
Miró alrededor con orgullo.
—Esta noche será recordada como el inicio de una nueva etapa para la familia Sterling.
Lo que ninguno de los dos sabía era que la verdadera razón por la que esa noche sería recordada no tenía nada que ver con su compromiso.
Tenía que ver con una mujer que ellos creían haber destruido.
A las ocho en punto, las puertas del salón se abrieron.
Las conversaciones disminuyeron lentamente.
Primero entraron dos hombres con trajes negros.
Después una mujer elegante con un vestido azul oscuro.
Su postura era tranquila.
Su mirada era firme.
Y en sus brazos llevaba a una pequeña niña con un vestido blanco.
Julian dejó de sonreír.
La copa en su mano quedó inmóvil.
—No puede ser…
Chloe también la reconoció.
Su rostro cambió.
Porque esa mujer no era la Victoria que había visto esa mañana llorando junto a la puerta.
No era la esposa silenciosa que siempre aceptaba humillaciones.
Era alguien completamente diferente.
Victoria Vance Sterling.
El apellido que había enterrado durante seis años.
El apellido que nadie en la familia Sterling conocía.
El apellido que podía destruirlos.
Lily llevaba una pequeña venda en la boca.
Sus ojos todavía mostraban miedo.
Pero cuando vio a su padre, no corrió hacia él.
Se escondió un poco más cerca de su madre.
Ese pequeño gesto dolió más que cualquier palabra.
Julian dio un paso adelante.
—Victoria.
Ella lo miró.
—Julian.
Su voz era fría.
Sin odio.
Sin lágrimas.
Eso fue lo que más lo incomodó.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Victoria sonrió ligeramente.
—Vine a una gala.
Miró alrededor.
—¿No era eso lo que todos querían?
Chloe apretó los labios.
—No tienes derecho a aparecer después de abandonar a tu familia.
Victoria la miró.
—¿Abandonar?
Repitió la palabra lentamente.
Luego miró a Lily.
—Interesante.
—¿Qué quieres decir?
Victoria dio un paso adelante.