Con tan solo 19 años, Hannah se enfrentó a una de las decisiones más difíciles de su vida.
Cuando regresó a casa para contarles a sus padres que estaba embarazada, esperaba encontrar comprensión. Sin embargo, la conversación tomó un rumbo completamente distinto al que había imaginado.
Su padre le exigió saber quién era el padre del bebé, pero Hannah explicó que no podía revelar su identidad, al menos por el momento. Intentó tranquilizar a ambos, asegurándoles que algún día comprenderían las razones de su silencio.
Pero sus palabras no fueron suficientes.
Después de una larga y dolorosa discusión, Hannah abandonó la casa familiar con una sola maleta, unos pocos ahorros y un profundo miedo al futuro.
Durante los meses siguientes, reconstruyó poco a poco su vida.
Se mudó a Chicago, aceptó varios trabajos, estudió contabilidad en su tiempo libre y afrontó cada dificultad con determinación.
Poco después nació su hijo, Owen.
Los años pasaron.