SU ESPOSA LE QUITABA LA TARJETA Y SOLO LE DABA 20 PESOS… ÉL LA LLAMÓ TACAÑA, HASTA QUE ABRIÓ EL SOBRE QUE ELLA ESCONDIÓ POR

                                                                         PARTE 2

 

Martín miró el sobre como si fuera una bomba. Y cuando rompió la solapa, sintió que el aire se le atoraba en el pecho. Eran los títulos de propiedad de un terreno a nombre de los dos.

—Ernesto no es ningún hombre escondido —dijo ella con la voz temblorosa—. Es el dueño del terreno. Mañana terminamos de pagarle.

Martín levantó la mirada. La rabia se le cayó de la cara poco a poco, como pintura vieja bajo la lluvia.

—¿Terminamos?

—Sí.

Ella abrió la libreta de cuadritos que siempre tenía en la mesa. Martín la había odiado durante años; le parecía el símbolo de su humillación. Ahí estaban todos los recibos, las cuentas y los ahorros. Cada página tenía fechas, cantidades, pagos, abonos y notas pequeñas:

  • “Quitar 100 del pollo.”

  • “No comprar blusa.”

  • “Guardar horas extra de Martín.”

  • “Costuras de la señora Lety: 250.”

  • “Pago Ernesto: 1,800.”

  • “Faltan 23,400.”

  • “Faltan 12,000.”

  • “Faltan 3,500.”

  • “Último pago: mañana.”

Martín sintió que se le aflojaban las piernas y se sentó en la silla más cercana. Maribel permaneció de pie, con el vestido rojo gastado y los ojos llenos de una tristeza que él nunca se había detenido a mirar.

—Hace 5 años vi ese terreno anunciado en una cartulina pegada afuera de una tienda —explicó—. Estaba lejos, sí. No era una zona elegante. Pero costaba lo único que nosotros podíamos intentar pagar.

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